Santi Taura: Cocinando en mallorquín

Santi Taura: Cocinando en mallorquín
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Podría haber...
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Podría haber titulado este post de muchas maneras, y todas ellas buenas. Sin embargo creo que lo más acertado es hacerlo tal y como lo hace el propio Santi Taura cuando con mucha cercanía y amabilidad se acerca a las mesas que por primera vez visitan el local y les explica lo que podrán esperar de su menú degustación: Una cocina de raíces y sabores mallorquines, con ingredientes de la tierra y que en sus fogones se reinventa bajo un menú que cambia semanalmente.

Y es que él y su equipo cocinan en mallorquín, con esos sabores tan conocidos y potentes que hacen que uno disfrute de su propia tierra. Pero a la vez los llevan a su propio estilo y saber hacer, resultando en unos platos a la vez innovadores y actualizados. Se trata así de una cocina donde la sorpresa es ver cómo nuestros platos tradicionales puede llevarse a un nivel muy alto, sin perder su esencia, pero ganando en técnica, matices y elegancia. Y precisamente creo que eso, junto con con un servicio excelente y su relación calidad-precio imbatible, son la clave de su éxito.

De ahí que para poder disfrutar de su menú, uno tenga que reservar con un par de meses de antelación. Una espera bien merecida para todo aquel que disfrute del buen comer.

“Cuando uno disfruta en y de su tierra, lo hace doblemente. Primero porque tener cerca restaurantes de este excelente nivel es una suerte, y  en segundo lugar porque es una satisfacción saber que con los sabores que tanto conocemos desde la infancia, uno puede disfrutar como adulto de una versión evolucionada.”

Su local se encuentra en una casa entre medianeras en Lloseta, y su fachada es el cascarón que refleja lo que comeremos: un paramento de piedra mallorquina junto con detalles de acero corten en lineas rectas y una balconada de cristal. Raíces y actualidad encajando perfectamente. Por dentro el espacio es de tonos suaves y el local se divide en una sala principal muy luminosa gracias a un solarium en su parte trasera, y un espacio en su planta baja.  Uno se siente cómodo, relajado en sus sillas con apoyabrazos que invitan a olvidarse del reloj y a disfrutar de todos y cada uno de los pasos del menú sin prisas. El ambiente no necesita ni música de fondo, invitando a rellenar el silencio con una buena charla y con el cantar de los camareros anunciando los platos que nos van sirviendo. Todo sucede de manera relajada, natural, y uno disfruta a lo largo de un par de horas mientras van saliendo las siete elaboraciones que componen el menú.

 

 


Con su menú, que jamás se ha repetido en los 13 años que lleva el local abierto, se nos ofrece una degustación de siete elaboraciones: su croqueta, tres entrantes, el plato de pescado, el de carne y el postre. Para los que nos gusta poder escoger a la carta, podríamos pensar que el ser un menú cerrado es un handicap, pero os aseguro que en ninguna de las ocasiones que lo hemos visitado nos ha decepcionado. Todos y cada uno de los platos se preparan con mucho mimo y eso se nota en un todo muy bien ligado. Además siempre tienen la atención de hacer algún cambio si hubiera alergias o algún ingrediente que no gustara. Nosotros a la hora de reservar solemos pedir si pueden cambiar el plato principal de pescado para parte de los comensales y siempre nos han tenido el detalle, que es muy de agradecer.


Nosotros preferimos ir de día, y como lo solemos hacer entre semana, no hay tanto problema por la lista de espera (que para los fines de semanas puede hacerse eterna). Además el hecho de ir a comer, hace que tengas la sensación de estar de vacaciones: Salir de allí todavía con sol, y caminar por las calles del pueblo de vuelta al coche viendo en el rostro de los tuyos que habéis desconectado, es algo impagable. Es una sensación curiosa que sólo me la producen ciertos lugares, y éste es uno de ellos.

Clicad encima de las fotos si queréis agrandarlas y ver el nombre de cada plato… Estas son las fotos del menú que hubo en nuestra primera visita, hará ya casi un año. No esperéis encontrar estas mismas elaboraciones, ya que el menú no es el mismo jamás, pero no dudéis en dejaros sorprender por los nuevos platos que os tocarán. No defraudan.

 

Las fotos anteriores corresponden a un menú completo (hay una carne de más, ya que algunos de nosotros la preferimos al pescado), y como véis nada tiene desperdicio. Como entrantes tienen siempre SU croqueta, seguida de varios platillos que pueden ir desde un canelón, falso rissotto, frito con mollejas, lasaña de pescado y curry verde, o lo que se le haya ocurrido al equipo esa semana. Luego se sigue con el principal de pescado, que en nuestra última visita fueron unas sopas potentes con popas de pescado que hizo las delicias de mis padres y el de carne que fue una versión muy sabrosa del lomo con col. Su postre suele ser una combinación de sabores en forma de helado o sorbete, con diferentes texturas que lo complementan.

Sin embargo, antes del postre, se ofrece la posibilidad de alargar el menú con una selección de quesos. Aunque estéis ya satisfechos con la cantidad de comida disfrutada a estas alturas, creo que sería un gran error perderse este paso, ya que ver cómo cortan las diferentes piezas escogidas, cómo te presentan los pequeños pero potentes trocitos para compartir con su pan, uvas, membrillo y almendras, y cómo te explican cada elección, es un disfrute para los quesoadictos. Yo os recomendaría dejaros aconsejar por ellos a la hora de la selección, y que penséis en ésta como una experiencia curiosa y llena de sorpresas. Algunos de los quesos os enamorarán y otros probablemente os parecerán incomibles al primer bocadito, pero os llenarán de curiosidad al segundo. En parte esa es la gracia de esta increíble tabla de quesos que normalmente uno jamás tiene tan a mano.

A mi forma de entenderlo, la experiencia en Santi Taura no es completa sin probar su tabla de quesos… El antiguo carrito que antes pasaban por las mesas, se ha reconvertido en una estupenda exposición que nada tiene que envidiar al carro. Además, te invitan muy amablemente a curiosear y acercarte a ver la selección si a uno le apetece. No seáis tímidos o penséis que podría estar fuera de lugar, realmente una selección así se ve muy pocas veces y el personal es encantador!

El servicio es siempre muy formal y correcto, pero con un personal joven y fresco que hace que uno no tenga la sensación de encorsetamiento. Creo que han conseguido ese equilibrio tan difícil de dar un servicio a la altura, pero que a la vez uno no se sienta abrumado. Cada uno de los miembros del restaurante tiene siempre una sonrisa amable y cercana.

El precio del menú con quesos incluidos serían unos 50 euros (sin bebidas), convirtiéndose sinceramente en todo un regalo para los que sepan valorar la calidad de la materia prima, el trabajo detras de cada elaboración y el servicio ofrecido. Nosotros no somos mucho de vino, por lo que uno puede salir perfectamente por 55 euros por persona sin problema, y para los que améis los caldos, el ticket final dependerá de vuestra elección (el sumiller del restaurante siempre está encantado de asesoraros acertadamente).

En fin, creo que poco más puedo contaros, realmente os lo recomiendo. Buscad una ocasión especial que lo merezca, o simplemente romped la rutina como solemos hacer nosotros un día cualquiera…sea como sea encontrad la excusa para daros el capricho y disfrutar de las maravillosas opciones gastronómicas que nos ofrece la isla. Santi Taura sin duda es una de ellas.

 

DIRECCIÓN:

C/ Juan Carlos I, 48, Lloseta, Mallorca

(+34) 656 738 214
Menú degustación : 41 euros (IVA incluido) Sin bebidas.  Tabla de quesos: 8 euros por persona
Cerrado domingo noche, lunes mediodía y martes (Necesaria reserva con semanas de antelación)
 
“Esto es tan sólo mi opinión, la de una comiliti más… Tal vez tú no estés de acuerdo con ella, o tu experiencia haya sido diferente a la mía y sin duda eso es lo más bonito del mundo de la restauración, que cada uno tenemos nuestros gustos. Lo importante es respetarse”