Nuru restaurant: fusión contemporánea para disfrutar

Nuru restaurant: fusión contemporánea para disfrutar
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Cuando leo o...
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Cuando leo o escucho opiniones de gente local sobre restaurantes en nuestra isla, hay dos expresiones muy recurrentes para referirse a restaurantes frecuentados por extranjeros, pero que se usan de una manera muy distinta:

La primera es la de “Restaurante de guiris”, que se refiere a locales de zona de costa, donde igual te sirven una hamburguesa, una pizza congelada o una paella extra-amarillenta, que vive de los turistas de paso y donde rara vez se encuentra a un residente (por buenos motivos).

Por otro lado, y con una connotación totalmente diferente, está la del “restaurante para extranjeros” (ya sean de paso o residentes). Esta expresión se oye mucho para referirse a locales bonitos, bien ubicados o con buenas vistas, de buen servicio, cocina ecléctica, y donde normalmente los precios son altos (acorde a lo que ofrecen).  Sin embargo, se suele usar con una especie de connotación negativa, cosa que jamás he entendido. Es que acaso por ser isleños no podemos disfrutar probando comidas que mezclen sabores de otros países, o disfrutar en ocasiones especiales de un local un poco más estiloso de lo habitual?

Aunque aparentemente la respuesta debería ser que sí, la realidad es que hay muchos restaurantes excelentes que son frecuentados casi exclusivamente por extranjeros. Y nosotros, nos los perdemos.

“El restaurante Nuru, ubicado en la famosa calle Aníbal de Santa Catalina, puede estar orgulloso de entrar en esta categoría. Porque aunque para algunos esto pueda verse como negativo, para mí es un elogio. Y desde aquí os animo a derribar esos estigmas populares y esas barreras mentales, que sólo consiguen que nos perdamos muchos locales interesantes. Nuru es un restaurante bonito, con servicio atento, buenísima cocina fusión hecha con paciencia e ingredientes estupendos, donde el único “pero” es que no puedo permitírmelo tantas veces como me gustaría.”

Cuando el antiguo Aptc cerró sus puertas hace unos años, el equipo de Nuru vio en este estupendo local de dos plantas, la oportunidad de conferirle su propio carácter. Un nuevo comienzo, luz y vitalidad….y precisamente ésto es lo que significa Nuru en Swahili. El color blanco predomina en el espacio y ayuda a darle la luminosidad necesaria a un local que se alarga hacia el interior, donde al fondo la cocina abierta deja a la vista el buen hacer de su equipo. El contrapunto al mobiliario blanco y negro, lo ponen los cuadros del actor Jordi Mollà que cubren la totalidad de las paredes, dando un toque urbano, moderno e incluso graffitero a la sala. Es un local con una personalidad marcada, muy alejado de la actual moda retro-vintage “santacatalinera” o de los locales tipo nórdico que se abren últimamente, pero que se desmarca así del resto de locales de la zona.

 


Algo importante a la hora de pedir por primera vez en Nuru, es que tanto sus entrantes, como sus principales, son platos contundentes. Al echar un primer vistazo a su carta, sorprende ver que los entrantes oscilen entre los 18 y 22 euros (como costaría un plato principal en muchos sitios). Sin embargo, al ver su tamaño, la cosa ya se pone un poco más razonable, ya que son ideales para compartir entre cuatro. Así que si sois dos, ojito con la cantidad de platos que pedís.  En nuestra primera visita nos pasamos: entre el inesperado y delicioso aperitivo de la casa, tres entrantes, la costilla a la barbaroa koreana (que no se la salta un torero) y un postre para compartir entre dos, salimos rodando. Después de un par de visitas, hemos encontrato nuestra cantidad perfecta: 3 entrantes y un postre. Aunque obviamente esto depende mucho del apetito de cada uno.


 

Clicad encima de las fotos. Su carta suele ir añadiendo o quitando algún plato por temporadas, así que tal vez algunos de los que aquí veais, ya no estarán en vuestra visita…pero de momento todo lo que hemos probado merece la pena!

Mientras uno espera que en cocina preparen la comanda, como detalle de la casa te sirven una crema de queso con kikos y frutos secos con wasabi molidos. Delicioso y bastante abundante si sólo sois dos, así que tenedlo en cuenta! Aunque todavía nos quedan por probar algunos platos, entre nuestro favoritos están los saam de cangrejo de concha blanda con hierba buena y remolacha encurdita, y su tartar de ternera de Wangyu (mi favorito en la isla, con un toque de mahonesa de wasabi muy ligero, pero que me encanta). También hemos probado sus niguiris de mero y cochinillo, que es un plato muy original donde la cortecita crujiente y la carne que se deshace, se equilibra perfectamente con el arroz dulce y avinagrado del sushi. Las gyozas de pato y foie son uno de los entrantes estrella que suelen recomendar en la casa, aunque a mí personalmente no me acabaron de conquistar. Su gofre de boniato con pastrami (que ya no está en carta), es una prueba más de que sus elaboraciones son todas riquísimas y de muy buena calidad.

Como principales, a los carnívoros os encantará su costilla de ternera koreana cocinada a fuego lento durante unas veinte horas, con guarnición de cebolla roja en tempura, y ensaladitas de col y de patata picante. Su picantón glaseado con tamarindo y miel es dulzón y super jugoso, y su cochinillo con toque asiático a las cinco especias chinas, junto con su guarnición de puré de batata, fue para mí una inesperada sorpresa. No es solo que lo preparen con cortecita crujiente y carne melosa (como tan difícil es encontrarlo hoy en día!), sino que además le dan un aire asiático totalmente diferente al que estamos acostumbrados.

Sus postres son también de muy buen tamaño, así que ideales para compartir. La bomba de cacahuete y chocolate es ideal para los que os gusten los frutos secos. Y para los que busquéis algo más original, la pannacotta de leche de coco y albahaca con sorbete de frambuesa, es una combinación muy curiosa y fresca. Su coulant de chocolate tal vez es el postre que menos nos ha convencido, por estar demasiado cocido, aunque tal vez fuera solo en aquella ocasión.


Nosotros solemos ir a mediodía, porque el local es practicamente para nosotros solos (suelen trabajar más por la noche), así que el servicio siempre ha sido super atento y rápido. Es cierto que algunos platos se pueden hacer esperar desde cocina, pero es lo que tiene que la comida se prepare al momento (una cortecita como toca, necesita su tiempo para quedar crujiente), así que en nuestra opinión, si lo que nos sirven está en su punto, la espera vale la pena.

La única “pega”, si es que así puede considerarse, es que su cuenta sube muy rápido y no puedo permitírmelo tan a menudo como que me gustaría. Sin vino ni alcohol, sale a unos 40 euros por persona. Y aunque nosotros no somos muy vineros, comentan que el precio de éste (y las bebidas en general: un agua 5 euros) está bastante subido. Así que si disfrutáis de comer con botellita de vino, os saldrá a unos 60 euros por persona.

Aún así, nosotros disfrutamos de ir de vez en cuando, y creo que es un lugar muy recomendable para todos aquellos a los que os guste la comida original, de sabores diferentes y fusión. Id a hacerle una visita un día cualquiera, o buscad una buena ocasión para daros un capricho. No hay que negar lo diferente sólo por no ser igual a lo que estamos acostumbrados, y probar lugares nuevos es la mejor manera de aprender y evolucionar. Dejaos de absurdas etiquetas y disfrutad de la diversidad que se os presenta en el camino.

 

DIRECCIÓN:
Calle Anníbal nº11, Santa Catalina, Palma

871 96 49 31

www.nuru.restaurant

Comer o cenar: alrededor de 40 euros por persona (sin vino)
Conviene reservar por las noches/ muy tranquilo a mediodía/ abren festivos
 
“Esto es tan sólo mi opinión, la de una comilitis más… Tal vez tú no estés de acuerdo con ella, o tu experiencia haya sido diferente a la mía y sin duda eso es lo más bonito del mundo de la restauración, que cada uno tenemos nuestros gustos. Lo importante es respetarse”